La formación de hábitos no depende de un único mecanismo de repetición, sino de dos circuitos neuronales distintos que separan el paso de una acción deliberada a una automática de la intensidad con que esa conducta se mantiene, según un estudio de la Universidad de Kioto en Japón en ratones.

El trabajo fue publicado en la revista Nature Communications e identificó una diferencia que altera la idea tradicional sobre cómo se consolidan los hábitos: incluso cuando el hábito ya se formó, no todos los individuos lo ejecutan con la misma frecuencia. En algunos animales, el nivel de conducta se mantuvo; en otros, se redujo.

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La investigación publicada en Nature Communications separó la transición de una acción deliberada a una automática de la intensidad con que se mantiene la conducta (Freepik)

La investigación se apoyó en un método de “entrenamiento en dos etapas” que permitió acelerar la formación de hábitos y observar en los mismos individuos la transición desde una estrategia orientada a objetivos hacia otra automática.

Esa posibilidad resolvió una dificultad central del campo: comparar cambios conductuales y cerebrales antes y después de que aparece el hábito.

“Los hábitos son una de las funciones más misteriosas del cerebro, y a menudo nos cuesta controlarlos aunque sean nuestras propias acciones”, dijo la científica y coautora Nozomi Asaoka.

La investigadora añadió: “Al descubrir cómo funcionan, quizá podamos encontrar formas de controlarlos en lugar de dejar que ellos nos controlen”.

Macrofotografía de un cerebro de ratón cubierto de pequeños cristales de hielo en una placa de Petri de vidrio, bajo iluminación azul fría en un laboratorio.El método de entrenamiento en dos etapas permitió acelerar la formación de hábitos y comparar cambios conductuales y cerebrales antes y después del hábito (Imagen Ilustrativa Infobae)

El equipo entrenó primero a los ratones para que usaran estrategias dirigidas a una meta y luego añadió cuatro días de práctica diseñados para facilitar la adopción de estrategias habituales. Con ese esquema, los investigadores siguieron de forma directa el cambio de un modo de decisión a otro.

El hallazgo central fue la existencia de dos circuitos con funciones distintas. El primero conecta la corteza cingulada anterior con la corteza retrosplenial y determina si una conducta llega o no a convertirse en hábito. Durante esa transición, sus conexiones se debilitan.

El segundo circuito enlaza la corteza orbitofrontal lateral con el estriado central y regula cuánto se ejecuta el hábito una vez establecido.

Mujer con gorro sanitario, mascarilla facial y bata blanca mirando a través de un microscopio de laboratorio con platina para muestra.Uno de los circuitos conecta la corteza cingulada anterior con la corteza retrosplenial y define si una conducta se convierte en hábito (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según los investigadores, ese punto explica las diferencias individuales observadas entre animales que conservaron altos niveles de ejecución y otros en los que la conducta disminuyó.

Asaoka y sus colegas sostienen que el resultado cuestiona la idea de que repetir una acción solo la copia mecánicamente hasta volverla automática. Su trabajo muestra que el hábito puede consolidarse sin preservar intacta la frecuencia o el volumen original de la conducta.

Científico de espaldas en laboratorio poniéndose un guante celeste. Microscopios y material de vidrio de laboratorio son visibles en el fondo.El segundo circuito une la corteza orbitofrontal lateral con el estriado central y regula cuánto se ejecuta el hábito una vez establecido (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los ratones con respuestas neuronales fuertes en el segundo circuito mantuvieron niveles altos de ejecución conductual. Los que mostraron respuestas más débiles redujeron esa ejecución, aun cuando el hábito ya se había formado.

Esa diferencia individual fue uno de los puntos señalados por los investigadores. “Nuestro estudio reveló mecanismos de control que habían pasado por alto en la formación de hábitos, mostrando qué determina con qué fuerza se lleva a cabo un hábito y ayudando a explicar por qué los hábitos difieren de una persona a otra”, afirmó el jefe del equipo Yasunori Hayashi.

Hayashi habló de un proceso más complejo que el modelo clásico de repetición lineal. La investigación, de acuerdo con su descripción, separa dos preguntas que hasta ahora solían tratarse como una sola: si una acción se vuelve hábito y con qué intensidad ese hábito se expresa después.

(Imagen Ilustrativa Infobae)El estudio sobre hábitos identificó diferencias individuales entre ratones que mantuvieron altos niveles de ejecución y otros en los que la conducta disminuyó (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio también informó que los investigadores manipularon de manera artificial ambas vías neuronales. Esa intervención permitió promover selectivamente la formación del hábito o modificar sus niveles de ejecución.

Ese resultado funcionó como prueba experimental de que cada circuito cumple un papel diferente. Uno interviene en la conversión de la conducta en hábito; el otro, en la magnitud con que ese hábito se realiza.

Tras publicar los resultados, el equipo buscará conocer qué factores originan esas diferencias individuales en la intensidad del hábito. El objetivo es aplicar ese conocimiento tanto a la adquisición de hábitos beneficiosos como al tratamiento de hábitos problemáticos asociados a cuadros como el trastorno obsesivo-compulsivo.

por INFOBAE

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